
Gernika, año zero. Así debería llamarse el último espectáculo del grupo de danza Aukeran. ¿Por qué? Por que los bailarines no bailan sobre el lienzo de Picasso, en todo caso lo hacen sobre el Guernica de Alain Resnais. Por que el Gernika de Aukeran viene a enriquecer el pésimo panorama cinematográfico actual. Han leído bien. CINEMATOGRÁFICO. Estamos ante la mejor película bélica de los últimos años, junto con los 20 minutos finales de Katyn, de Andrzej Wajda.
Desde el minuto cero nos adentramos en el tenebroso universo de David Lynch para encontrarnos con la belleza del cuerpo humano de Leni Riefensthal, todo ello arropado por la blancura de Dreyer.
Cuerpos que se levantan y bailan alegremente, hasta que llega el horror. Las luces se disparan, el sonido atronador. El mundo se tiñe de negro y el espectador es violado, asaltado emocionalmente hasta la extenuación. Como en una buena película. Pura violencia audiovisual. Rianse de Kill-Tarantino. Espectáculo puro y duro. Asistimos al bombardeo en directo, algo que jamás pensamos en vivir en nuestra propia carne. Y después, el post bombardeo. Gritos. Extenuación. Muerte. Asfixia.
Junto al horror nos asalta una voz en off, demasiado reiterativa, sin aportar nada más a lo que vemos, oímos y sentimos. Tal vez si hubiera recitado algunos versos de Pavese o Forugh Farrojzad hubiéramos llegado al cielo, por que levitando, estábamos.
Si quieren ver cine, puro cine, vayan al teatro. En esta época, de tanto psicologismo barato manejado por los realizadores que acaban relegando la imagen a un texto-filmado-declamado, tiene que ser un grupo de danza el que venga a rescatar el cine, y con él a nosotros. Los dantzaris se convierten en actores (sic!), la luz cuidadisima, pensadisima, golpes de efecto incluidos - como me gusta que me maltraten - el sonido y la música, y los bailes clásicos según nos dicen. Por que yo no bailo. Baina zurekin, agian,egingo nuke. Y todo el mundo de pie.
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